Noruega

Road trip por el interior de Noruega

Noruega

Campers pernoctando entre glaciares, gracias al allemansretten.

Nos adentramos en el interior de Noruega a través de un road trip que nos conduce desde Oslo hasta los picos más altos de los Alpes escandinavos durante más de 1.000 kilómetros a través de profundos bosques que dan paso a la fría tundra salpicada de glaciares.

Después de aterrizar nuestro vuelo Tenerife – Oslo en la noche anterior, y tras un reparador descanso seguido de un formidable desayuno en el hotel Radisson Blue en el mismo aeropuerto de Oslo-Gardermoen, ponemos rumbo al noroeste utilizando varias vías de la excelente red de carreteras nacionales de Noruega. Entre ellas, buscamos la famosa ruta panorámica de Sognefjellet (carretera 55) para adentrarnos de lleno en los parques nacionales de Jotunheimen y Jostedalsbreen. Hemos planificado un recorrido de cuatro días que nos permitirá realizar diferentes paradas largas y pernoctas para conocer el territorio en profundidad. La oportunidad perfecta para disfrutar de la extraordinaria naturaleza de esta región de bosques, ríos, cascadas y glaciares, sin olvidarnos de la convivencia con la cultura escandinava y sus habitantes que, a pesar de nuestras diferencias, no deja de aportarnos aprendizajes interesantes.

Arrancamos

Recogemos el coche de alquiler que teníamos reservado previamente con la compañía Alamo. Nos obsequian con un upgrade de categoría y nos hacen entrega de un cómodo Volvo XC60, que agradecemos enormemente y nos hizo el viaje mucho más fácil (aunque la verdadera sorpresa vendría semanas más tardes, cuando ya en casa seguirían llegando cargos adicionales ocultos a la tarjeta bancaria con la que respaldamos la reserva).

Tomamos un primer tramo de la autovía E6 para conducir los primeros 100 kilómetros del viaje hasta llegar a la localidad de Gjøvik, en la orilla del río Mjøsa, donde hacemos una parada de abastecimiento de comida y agua suficientes para los próximos días.

Continuamos hacia el norte durante otros 150 kilómetros más siguiendo el curso del mismo río mientras nos internamos en el bosque, cada vez más denso y espectacular. Identificamos un buen sitio para hacer una pausa para comer, un pequeño saliente con varias mesas de piedra junto al río. Aprovechamos la tranquilidad del lugar, y que vamos bien de tiempo, para alargar el descanso antes de reanudar la marcha.

En la cercana población de Otta viraremos al oeste, tomando el desvío por la carretera 15 durante 60 kilómetros hasta Lom. Esta pequeña población representa la puerta de entrada al Parque Nacional de Jotunheimen y el comienzo de la carretera 55 que tanto llevamos esperando recorrer (conocida popularmente como la carretera panorámica de Sognefjellet). Aquí se respira algo más de turismo, sobre todo interior, en las numerosas tiendas de montaña, esquí y souvenirs que nos indican que nos encontramos en uno de los pueblos de invierno más demandados. En la panadería Bakeriet i Lom tenemos la suerte de disfrutar de unos deliciosos cafés y rollos de canela especialidad de la casa donde, para nuestra sorpresa, se habla un perfecto español.

Debemos seguir avanzando. Nos hemos relajado en exceso paseando por la calles de Lom, visitando su extraordinaria iglesia vikinga y curioseando en los outlets de montaña, así que nos proponemos terminar del tirón los últimos 120 kilómetros del día para llegar a nuestro alojamiento (y no lo conseguiremos, puesto que el paisaje va cambiando mientras ascendemos a las tierras altas de Noruega).

Los densos bosques de taiga y árboles caducifolios que hemos ido atravesando dan paso, gradualmente, a la tundra escandinava. Tras cada curva aparecen nuevos matices en el paisaje que nos obligan a detener la marcha y fotografiar el paisaje, sin lograr avanzar apenas unos pocos kilómetros entre una parada y la siguiente. La roca viva se va adueñando del entorno y comenzamos a divisar la cordillera de los Alpes escandinavos, apareciendo los primeros glaciares y las cascadas que se desprenden directamente de las montañas.

En el paso por carretera más elevado de Noruega, situado en Sognefjellsvegen a 1.434 metros sobre el nivel del mar, nos detenemos por última vez para disfrutar de una panorámica irrepetible de los Alpes escandinavos, también conocidos como Escandes (o Kjølen, en noruego). Ahora sí, al fin nos encontramos en pleno Parque Nacional de Jotunheimen.

Los días en la región de Jotunheimen

Escogimos como alojamiento el Sognefjellshytta, un solitario hotel situado en pleno Parque Nacional de Jotunheimen. Podemos reconocer, por las numerosas fotografías firmadas que se exponen con orgullo en sus paredes, que el establecimiento es muy popular en invierno entre los esquiadores de fondo profesionales que encuentran aquí las mejores condiciones para entrenar. Aunque nosotros llegamos en verano, el hotel se encuentra lleno de otro tipo de huéspedes que realizan nuestra misma ruta, aprovechando la que aquí se considera su estación cálida.

Convertimos este pintoresco refugio en nuestro centro de operaciones, puesto que desde aquí podemos recorrer las tierras altas de Noruega en contacto directo con la naturaleza, donde además sirven una buena muestra de la genial gastronomía noruega, como el exquisito roast beef que tuvimos la suerte de poder disfrutar durante una de las cenas.

Roast beef para cenar en una de las noches de Sognfjellshytta

Esta ubicación remota nos permite conocer el territorio en profundidad, a través de varios senderos a pie, mientras podemos extender la ruta en coche hasta el punto más alejado que hemos previsto: el impresionante glaciar Nigardsbreen.

Los días en el Parque Nacional de Jotunheimen son muy fríos y lluviosos. A pesar de encontrarnos a principios de agosto, no veremos el sol durante toda nuestra estancia, unas condiciones que, además de ser perfectas para caminar, los canarios agradecemos por motivos más que obvios. El paisaje que nos rodea cada día es espectacular. Se trata de un altiplano dominado por la piedra gris cubierta de musgos y líquenes, cuya extensión está salpicada por miles de lagos a los pies de los glaciares que los originan y pequeños riachuelos dispersos que cruzan el territorio en todas direcciones. Por si fuera poco, alrededor se abren paso las altas montañas nevadas de los Escandes.

En las inmediaciones se encuentra la cima más elevada de esta cordillera y de toda Escandinavia, situada en el monte Galdhøpiggen, con 2.687 metros de altitud que no podremos intentar coronar debido al empeoramiento de la meteorología durante nuestra ventana de oportunidad. Sabemos que la montaña seguirá aquí cuando regresemos, por lo que con total seguridad volveremos a por ella, en un futuro viaje a esta región fascinante.

Objetivo Nigardsbreen

Para continuar nuestra ruta debemos seguir por la mítica carretera de Sognefjellet, regresar al nivel del mar y volver a subir la cordillera de los Escandes en otro parque nacional, el de Jostedalsbreen, donde se encuentra el glaciar Nigardsbreen.

Abandonando la región de Jotunheimen por el norte, en pleno descenso se encuentra el popular mirador de Nedre Oscarshaug. Decidimos parar para estirar las piernas y la curiosidad nos lleva a seguir una tenue línea sobre la hierba que se dirige hacia un saliente de rocas, donde encontramos otro mirador improvisado con mejores vistas a los particulares Alpes.

Fotografía que captura la esencia de viajar a Noruega

La carretera 55 pronto nos llevará hasta la orilla del fiordo de Lustrafjord, que bordearemos hasta llegar a la pequeña ciudad de Gaupne después de varias paradas intermedias en Fortun, Skjolden y Luster. Este tramo supone una buena tirada de kilómetros por carretera estrecha, que en determinados puntos obliga a detenerse y ceder el paso a quienes vienen en sentido contrario. Gracias a las numerosas paradas que hemos realizado el trayecto ha sido menos sacrificado.

En Gaupne, el peculiar centro comercial Pyramiden nos ofrece servicios y café caliente, además de una tentadora tienda de montaña con precios desorbitados, antes de tomar la carretera 604 que nos llevará directos a nuestro destino final. Este último trayecto, largo todavía, atraviesa de nuevo el bosque siguiendo la contra corriente del río Jostedøla que, por una mezcla de belleza y cansancio acumulado, paramos a fotografiar en varias ocasiones.

En el glaciar

Por fin llegamos al final de la ruta en el aparcamiento del lago Nigardsbrevatnet, a los pies del glaciar Nigardsbreen, que al mismo tiempo es una ramificación del gran glaciar Jostedalsbreen. En este lugar se encuentran estacionados todos los vehículos que no habíamos visto a lo largo de toda la carretera, con la suerte de haber encontrado nosotros una de las últimas plazas libres. Mala fortuna tuvieron los siguientes conductores en llegar, quienes se vieron obligados a dar la vuelta hasta el centro de visitantes y caminar un kilómetro a pie para volver.

En este punto, el más alejado de nuestro road trip, buscamos llegar hasta el mismo frente del glaciar a través del sendero de tres kilómetros que transcurre sobre la orilla inclinada del lago. Al menos este era el gran objetivo final del viaje, pero de nuevo la meteorología y un error de cálculo en nuestro equipamiento harían que nos quedásemos muy cerca. Como resultado, terminaríamos recordando este acontecimiento como el fracaso de Nigardsbreen.

A pesar de no haber llegado hasta donde nos propusimos por unos pocos cientos de metros, la contemplación de la gigantesca lengua de hielo serpenteando por la montaña mientras excava la roca es increíblemente sobrecogedora. Incluso parecía que el glaciar se movía después de caer en la ilusión óptica que provoca el cambio de luces por el paso cada vez más acelerado de las nubes, empujadas por el viento cada vez más fuerte.

Al fin aquí, tan lejos de donde partimos, encontramos la recompensa al cansancio con este regalo para nuestra vista y nuestra memoria.

El final solo es la mitad del camino

Devoramos una pizza medianamente correcta —que no hace justicia a la buena gastronomía noruega que venimos disfrutando hasta ahora— en el centro de visitantes de Breheimsenteret, en completo silencio junto a la cristalera panorámica con vistas al glaciar (al menos hasta que llegó una guagua de turistas españoles para añadir ruido al ambiente). Es entonces cuando nos damos cuenta de que, tras alcanzar el punto más lejano que nos habíamos propuesto, no estamos en el final de la ruta sino justo en la mitad.

Por si fueran pocos kilómetros de coche (más de 500 para llegar hasta aquí) decidimos ampliar la ruta un poco más para merendar en el pequeño poblado de Marifjøra, reconocido por sus casas de madera en la orilla del fiordo y el Kafé Marifjøra, puesto que necesitamos energía para deshacer todo el trayecto de vuelta hasta el lejano hotel Sognefjellshytta (además del regreso a Oslo que realizaremos unos días después).

En la capital de Noruega nos esperan otros cuatro días, donde el viaje –una vez más– tomará otra dimensión.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Logotipo Outside Ale
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudarnos a comprender qué secciones de la web son más visitadas, siempre a nivel estadístico. En ningún caso se conocen los hábitos de navegación individuales de cada usuario.