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Atrapados en un hotel de los Alpes escandinavos

Reflexiones, Noruega

Atrapados en un hotel de montaña de Noruega

Llevamos varios días en Noruega, al noroeste de Oslo, recorriendo las tierras altas del país. Concretamente nos hemos instalado por unos días en el Sognefjellshytta, un hotel de montaña situado en el Parque Nacional de Jotunheimen, que nos sirve como base para el road trip que estamos realizando con destino final en otro Parque Nacional, el de Jostedalsbreen.

La región de Jotunheimen, donde nos alojamos, se encuentra en plena cordillera de los Alpes escandinavos, también conocidos como Escandes (o Kjølen, en noruego). Aquí se encuentran las montañas más elevadas de toda Escandinavia, rodeadas por incontables glaciares, lagos y ríos que recorren toda esta gigantesca extensión de tundra.

Justo hoy tenemos un día muy lluvioso que nos mantiene “atrapados” en este hotel aislado en mitad del paisaje de alta montaña. Por la mañana realizamos un intento de recorrer alguno de los senderos que atraviesan el magnífico escenario que nos rodea, conduciendo hasta el cercano Hotel Krossbu para intentar llegar hasta el glaciar Bøverbreen. Sin embargo, no pudimos ni siquiera salir del coche. La lluvia constante, impulsada por un fuerte viento, nos obligó a regresar de vacío a Sognefjellshytta.

Así que mientras esperamos una ventana de buen tiempo que nos permita salir a caminar más cerca de los glaciares, disfrutamos del espacio y del tiempo para reflexionar y charlar sobre nuestra experiencia en el viaje. Además, teniendo en cuenta que todavía sufrimos la resaca del día anterior en el Parque Nacional de Jostedalsbreen —bautizado como “el fracaso de Nigardsbreen”— y que mañana regresaremos a Oslo, también debemos recalcular las opciones que nos quedan para disfrutar del territorio en nuestra última tarde aquí: quedarnos en el hotel o salir en plena tempestad.

Reflexiones en el hotel

En uno de los sillones del salón, bajo una gran estructura de madera y cristal en forma de cúpula (diseño escandinavo por excelencia), pasamos el tiempo junto a la ventana. Reflexionamos, hablamos, leemos y escribimos algunas notas en el cuaderno mientras vemos el paisaje al otro lado del cristal, esperando para salir a recorrer el escenario que nos desconsuela.

Aquí, dentro del hotel, con buenas vistas y al calor de la chimenea, tampoco estamos nada mal. Además, la hospitalidad noruega incluye café y té ilimitados para sus huéspedes, por lo que no estamos especialmente decepcionados por no poder salir. Incluso llegado el caso, nunca me había planteado qué ocurre cuando las condiciones climáticas impiden abandonar un hotel. ¿Quién pagaría la prolongación de la estancia? No me importa, la verdad, y tampoco me importa quedarme aquí unos cuantos días más.

Recordando los días anteriores, tras aterrizar en el aeropuerto de Oslo-Gardermoen nos hicimos a la carretera para llegar hasta el frente del glaciar Nigardsbreen. Por el camino hemos asistido a la aparición de infinitas maravillas de la naturaleza, sin anunciar tras cada curva, que nos hacen parar en los frecuentes apartaderos. Normalmente, las carreteras de Noruega cuentan salientes equipados con mesas para comer, espacios para la acampada libre e incluso cabinas de madera abiertas para que, cualquier persona que lo necesite, pueda refugiarse con seguridad. Todo está impecablemente limpio y cuidado, sin ostentaciones: simple, natural y altamente funcional.

Nos levantamos a estirar las piernas y recorrer el hotel para recargar nuestras tazas de café. Los pasillos están decorados por referencias al deporte del esquí de fondo, representado por muchas fotografías firmadas, medallas y muestras del equipamiento que se mezclan con la venta de cuadros que recrean los paisajes de Jotunheimen. Pero lo que realmente retiene mi interés y mi atención es un conjunto de enormes mapas a diferentes escalas de la región, donde el tiempo pasa volando intentando situar sobre el papel los hitos que vemos por la ventana.

Tras preguntar en la recepción del hotel si hay expectativa de mejoría de la meteorología, nos responden con un simple “probably not”. Ya nos hemos acostumbrado al semblante seco, pero directo y práctico de los noruegos. Aunque se encuentran lejos de nuestro exceso de simpatía latina, en todo momento se muestran amables y educados, utilizando un sentido del humor peculiar a medida que avanza la conversación.

Salir o no salir

Pasan las horas y el día avanza. Durante algún claro tenemos el impulso de salir, pero la lluvia y el viento regresan en pocos minutos. En uno de estos paréntesis de tregua meteorológica vemos que algunos locales que permanecen en el exterior incluso en manga corta, así que tenemos que decidirnos.

Como elemento agravante, aunque la fuerte tos de perro que me acompaña desde hace semanas (y que llegó a poner en peligro el viaje durante los días previos al vuelo) sugiere prudencia, pocas veces en la vida nos encontraremos a un paso de la inmensidad de los Escandes. ¿Qué podría salir mal?

De lo que sí tenemos total certeza es que, pase lo que pase, nos espera la rica gastronomía noruega para cenar, a la que venimos acostumbrándonos con gusto durante las pasadas noches en el ya familiar Sognfjellshytta.

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