ReflexionesNoruega

El aprendizaje del allemansretten

Reflexiones, Noruega

Completamente solos en las tierras altas de Noruega, libres gracias al allemansretten

Leí sobre el allemansretten por primera vez en una de mis guías de viaje de Noruega (porque siempre compro varias), estando todavía en Tenerife. Entonces, este concepto no llamó especialmente mi atención, puesto que a primera vista pudo parecerme propaganda turística bien elaborada. No podía estar más equivocado.

Y es que viajar sirve, entre otras cosas, para aprender, derribar prejuicios y, además en este caso descubrir que existen otras formas de relacionarse con el territorio. En Noruega lo hice de golpe tras vernos envueltos por el propio allemansretten, un derecho tradicional que permite que cualquier persona pueda disfrutar libremente de la naturaleza escandinava (allemansrätten en Suecia y Finlandia). Este derecho no solo forma parte del marco legal del país, sino también se encuentra profundamente arraigado en la cultura noruega, gracias a la transferencia generacional y el papel de las escuelas.

Las consecuencias del allemansretten son claramente visibles. Pude comprobarlo en primera persona tras encontrarnos ante un territorio inmenso, perfectamente limpio y conservado. Algo llamativo es que aquí no es necesario aplicar restricciones desmedidas, sino todo lo contrario, puesto que se promueve la libertad de disfrutar en comunión con el entorno. Esta cultura de libertad desde la crianza, que también pude comprobar en el agitado vuelo que nos trajo hasta Noruega, es capaz de activar una inteligencia ambiental, de manera que integrarse con plenitud en la naturaleza genera un fuerte sentimiento de pertenencia y responsabilidad hacia el entorno.

De este modo, me quedé muy sorprendido durante nuestro road trip por el interior de Noruega cuando desde el primer momento respiramos esta libertad. El inmenso paisaje de Jotunheimen se abrió entero para nosotros y, mientras lo recorríamos como queríamos, en la distancia advertimos una tienda de campaña a los pies del frente del glaciar Bøverbreen. Resulta llamativo, puesto que se trata de actividades completamente prohibidas en nuestro lugar de procedencia, y aún más que no encontrase ningún tipo de residuo en los espacios naturales de Noruega. Eso sí, el derecho del allemansretten viene acompañado por una excelente infraestructura de señalización, puntos de recogida de basura y una red de refugios guardados, refugios libres y cabañas de autoservicio gestionadas por la Asociación Noruega de Trekking (DNT) que facilitan enormemente la capacidad del territorio a la hora de sostener esta carga de actividad humana. Así, es habitual coincidir con otros caminantes que vienen recorriendo la tundra escandinava desde muy lejos, gracias a la seguridad de poder hacer un fuego (algo que todo noruego domina con maestría) o disponer de un techo bajo el que pasar la noche.

El valor del allemansretten

Si el aprendizaje del allemansretten me fascinó al revelar un modelo de gestión de los espacios naturales hasta ahora desconocido, también me produjo una reflexión preocupante, especialmente cuando nuestro lugar de procedencia se caracteriza por hacer justo lo contrario. Estando prohibida la acampada libre en España, los amantes de la naturaleza recurrimos al principio de la pernocta (con muchas limitaciones) del que tienes más información en la publicación Hacer vivac: normativa, equipamiento y consejos para disfrutar de la noche en la montaña en Lainakai.com.

La preocupación crece en Canarias, donde la situación es todavía más restrictiva y la inexistencia de refugios dificulta la capacidad de realizar actividades que implican la estancia de varios días en la naturaleza. Quizás la situación en la que nos encontramos esté justificada, puesto que la falta de cultura sobre la conservación del entorno, unida a la excesiva presión sobre el territorio, obligan a practicar la prohibición como medida de protección. Sin lugar a dudas, este es el peor remedio a largo plazo.

Quizá no se trate de replicar el modelo noruego, sobre todo en una región tan frágil como la nuestra, sino de revisar la forma en la que nos relacionamos con nuestro propio territorio. Porque, al final, el equilibrio entre el acceso, el disfrute y la conservación no depende solo de la norma, sino de la cultura que construimos alrededor de ella.

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