Tras pasar la mañana recorriendo la ciudad de Oslo a pie, finalizamos el corto descanso del almuerzo en los muelles de Aker Brygge. Desde aquí tomaremos una pequeña embarcación que nos llevará hasta la península de Bygdøy, donde nos esperan algunas de las figuras que escribieron la historia de la exploración moderna. Sin saberlo todavía, estamos a punto de descubrir una interesante conexión con Canarias.
Así que zarpamos y pronto dejamos a un lado la zona de baño de Tjuvholmen, abarrotada en este día soleado y caluroso, inusual incluso en el mes de agosto para los habitantes de Oslo. Mientras avanza la navegación, nuestro plano de visión se abre hasta ofrecernos una panorámica de toda la ciudad. Desde esta distancia se puede comprender por qué los primeros pobladores escogieron este lugar hace más de mil años, entre el fiordo y los bosques, donde encontraron protección y abundancia de recursos.
Apenas 15 minutos después desembarcamos en la península de Bygdøy. Acabamos de comprobar que resulta más cómodo navegar hasta aquí en línea recta que seguir el perfil de la costa por carretera, motivo por el que los ferris se han convertido en un medio de transporte público habitual, contando además con la ventaja de la tranquilidad de estas aguas. Pese a ello, algunos pasajeros tienen dificultades para bajar a tierra con el vaivén del pequeño barco, aunque este paso no presenta ningún problema para quienes venimos del agitado Atlántico.
La aparición repentina de la sencilla construcción del Museo Fram marca la primera parada del itinerario, sin llegar a imaginarnos todavía la magnitud de lo que guarda en su interior.
Inmersos en la exploración del Polo Sur
El Frammuseet está dedicado a la expedición del Polo Sur llevada a cabo por Roald Amundsen a bordo del Fram. El imponente barco se encuentra expuesto en el interior del edificio y permite acceder a un itinerario por sus principales estancias. Los estrechos camarotes de los oficiales, los comedores con el espacio ajustado y las asfixiantes bodegas nos integran en la dureza de la expedición polar, mientras que una proyección de la aurora austral sobre el techo del museo nos permite percibir la recompensa de estos verdaderos viajes que poco tienen que ver con los actuales.
El Fram posibilitó la gesta de la llegada de los noruegos al Polo Sur, pero también fue el navío que llegó más al norte en el intento de Amundsen de conquistar también el polo opuesto. Esta carga histórica todavía se percibe dentro del barco, donde es fácil imaginar el ajetreo, las esperanzas y los miedos que acompañaban a los grandes exploradores que ponían su vida al servicio de misiones que, por aquel entonces, no tenían certeza de su regreso.
En la típica tienda colocada estratégicamente en la salida del museo disfrutamos de una genial selección de libros, mapas, cartas de navegación y réplicas de los enseres del Fram, así que no podemos resistir la tentación de regresar a casa con un recuerdo que inspire próximos viajes.


Un hallazgo conectado con Canarias
El vecino Museo Kon-Tiki está dedicado a la expedición con la que Thor Heyerdhal demostró que los primeros habitantes de las islas remotas del Pacífico Sur podrían tener origen andino, realizando el largo trayecto que une Perú con el archipiélago de Fatu Hiva a bordo de una réplica exacta de las embarcaciones que estas poblaciones utilizan en la Polinesia. La aventura no solo concluyó con éxito, documentado en una interesante película documental grabada durante la misma, sino que legitimó a Heyerdahl para realizar una hipótesis similar, esta vez relacionando al imperio Egipcio con América.
Por el estrecho pasillo que nos lleva a la siguiente exposición comenzamos a leer los paneles que van despertando nuestra curiosidad, cada vez mayor, teniendo en cuenta que la información geográfica que se nos presenta resulta muy familiar. A cada paso la historia se concreta. Con el objetivo de demostrar esta nueva idea nació la expedición del Ra, una balsa construida de caña y papiro, fabricada artesanalmente en Egipto y llevada hasta el puerto de Safi (Marruecos) con la intención de navegar el océano Atlántico con medios antiguos. Tras fracasar en el primer intento, la embarcación Ra II lograría llegar hasta las islas Barbados recorriendo 6.100 kilómetros en 57 días. En este caso, la expedición tan solo contaba con los materiales rudimentarios que se utilizaban en el antiguo Egipto, así como el impulso de los vientos y de la corriente de Canarias.
Vemos nuestras islas representadas en varios paneles informativos hasta llegar a uno de los hitos más recientes de esta historia. Finalizando la línea temporal que estamos siguiendo, leemos que las continuadas estancias de Thor Heyerdahl en el archipiélago canario llevaron al explorador a relacionar la posible existencia de construcciones precolombinas con civilizaciones antiguas, encontrando en las pirámides de Güímar esta conexión, aunque más tarde la Universidad de La Laguna desmontaría la teoría de Heyerdahl con pruebas que datan estas construcciones del siglo XIX.
Si resulta de interés para los lectores, desarrollé este descubrimiento de manera más extensa y detallada en Los descubrimientos del noruego Thor Heyerdahl en la corriente de Canarias, publicado en Lainakai.com. Y es que nosotros, aunque sin punto de comparación, también somos algo exploradores en nuestra pequeña escala y disfrutamos enormemente con este tipo de hallazgos.
Paréntesis de reflexión
Nos quedamos sin tiempo y debemos escoger entre dos opciones contrapuestas. Visitar el Museo Marítimo nos ayudaría a cumplir con la ambición de nuestro plan, mientras que tomarnos un descanso en la playa mientras esperamos al barco de vuelta nos dará un tiempo necesario. Elegir la segunda opción nos permitió disponer del rato de paz y reflexión que no habíamos tenido en todo el día y creemos que hacemos bien, puesto que una parte de viajar también consiste en buscar espacios en blanco.
Por el camino tengo la impresión de que hemos aprendido muchas cosas en el poco tiempo que hemos estado en Bygdøy. El sentimiento ahora es de no saber nada en comparación con estas grandes personalidades de la exploración, quienes ponían todos sus recursos materiales e intelectuales en el empeño de llegar hasta donde se proponían. En el monumento a Roald Amundsen, una foto junto a los primeros seres humanos que llegaron al Polo Sur sirve como ilusión de haber pertenecido a una de estas grandes expediciones en una vida anterior.
Sentados en la playita tenemos una visión completa de todo el skyline de Oslo. Podemos identificar Aker Brygge, el Museo Munch y el proyecto Barcode con claridad. Son siluetas que ya reconocemos en el paisaje urbano rodeado de bosques en el fondo del fiordo, cuyo emplazamiento explica el carácter de los ilustres personajes de la exploración marítima.
Apuramos hasta el último barco y regresamos a la orilla contraria. La tarde es espléndida y decidimos volver al hotel caminando. Durante nuestro paseo por los muelles atravesamos el atraque de algunos buques de la Armada Real Noruega y pasamos junto a la inexpugnable fortaleza de Akershus, que cuenta con el hito de no haber sido tomada por un ejército extranjero durante sus 700 años de historia.
Tras un café en el hotel decidimos alargar el atardecer, de nuevo en el barrio de Bjørvika. Al parecer, de manera inconsciente hemos tomado la costumbre de terminar aquí los días.
Norge, 2024
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